Las Flores
La hipocresía de la élite: Cuando la opulencia se banquetea con la miseria

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En un escenario de contrastes brutales, la oligarquía disfruta de su asado nefasto, saboreando costillas y dulces postres, a costillas de jubilados pobres, mientras abuelas se debilitan por no poder comprar remedios. La ironía es cruel: aquellos que se autoproclaman defensores del cambio, lucen trajes y corbatas caras, risueños y satisfechos beben el mejor vino,se limpian la grasa de la jeta con finas servilletas.Afuera llueven palos a jubilados que trabajaron años.
El León de la opulencia preside la mesa, rodeado de sinecuras y privilegios. Mientras tanto, los sin madres, los desprotegidos y los olvidados, padecen en la indigencia. La hipocresía es palpable: radicales traidores que denostan la casta desde la boca, pero disfrutan de sus beneficios y lo muestran en fotos obscenas.
En nuestra ciudad, libertarios militantes del ajuste se esconden detrás de las redes sociales, cobrando sueldos que pagan todos, pero disfrutando solos. ¿Se atreverán a tomar cargos y trabajar por el bien común, o solo son políticos de cartón?
La realidad es maniquea: jubilados sin pan, obras en desuso, fábricas cerradas y laburantes vendiendo tortas en Internet por falta de trabajo. Los números financieros benefician a los importadores,mientras el pueblo se ahoga en la miseria.Se roban el oro, las financieras son el centro de la fiesta macabra.
La mesa está servida, pero solo para unos pocos.
El poder económico es el gran comensal, y lamentablemente, el pueblo es la cena. La élite se banquetea con la opulencia, mientras la mayoría sufre. Es hora de despertar, de exigir cambio real, no solo retórica vacía. La justicia social y la igualdad deben ser más que un eslogan; deben ser una realidad tangible.
No más opulencia sobre la miseria.Iglesias sin dios, fábricas vacías. Necesitamos una sociedad donde la mesa esté servida para todos, no solo para unos pocos privilegiados.

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