Las Flores
Otra vez paga el pueblo

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En el oscuro telón de la política, donde los hilos se entrelazan entre la ambición y el deber, la promesa de justicia se desvanece y deja paso a la cruda realidad. En un país sumido en la incertidumbre, el Gobierno ha desplegado sus cartas, pero la mano que está jugando no es más que un engaño astuto que deja a la población en el filo de la supervivencia.
El discurso oficial resonó con promesas de igualdad y prosperidad para todos y que los que iban a pagar los platos rotos eran los integrantes de “La Casta”. Sin embargo, a medida que los días avanzan, la realidad se revela ante los ojos del pueblo: el ajuste económico que supuestamente debía afectar a todos, parece tener un destinatario principal, y ese destinatario es el mismo de siempre, el pueblo.
Lamentablemente, incluso parte del pueblo acepta el sacrificio pensando que “Hay que hacer el esfuerzo”, “Trabajando se sale”; trabajando se está fundiendo el que emprende.
El Libre mercado nos carcome con dientes afilados, no hay referencia alguna, vale todo y es la ley del más fuerte en un capitalismo del horror.
La «Casta» política, esos individuos que deberían liderar con el ejemplo, parecen vivir en una realidad paralela. Mientras los ciudadanos comunes enfrentan recortes en servicios esenciales y aumentos de impuestos, los políticos parecen inmunes a cualquier sacrificio. Sus privilegios permanecen intactos, sus salarios no conocen la palabra austeridad y sus cuentas bancarias no sufren los estragos de las decisiones gubernamentales.
Los trabajadores, la espina dorsal de la nación, son quienes llevan el peso del ajuste. Los derechos laborales, adquiridos con esfuerzo y lucha a lo largo del tiempo, son sacrificados en el altar de la supuesta estabilidad económica. Las horas de trabajo se alargan, los salarios parecen congelarse y la sombra del desempleo se cierne sobre muchos hogares. Mientras tanto, la «Casta» política, lejos de compartir el peso, parece blindada por una muralla de privilegios.
El pobre, el eslabón más débil de la cadena, es el que sufre las consecuencias más devastadoras. La culpa recae injustamente sobre sus hombros, como si las decisiones erróneas de aquellos en el poder, los que se fueron del Gobierno(Kirchnerismo), los que están detrás del nuevo Gobierno(Macrismo), fueran responsabilidad exclusiva de quienes luchan día a día por subsistir. La desigualdad, lejos de disminuir, se profundiza, creando un abismo cada vez más amplio entre los estratos sociales.
Mientras el pueblo enfrenta las dificultades, los grandes grupos de poder económico continúan gobernando desde las sombras. Sus intereses prevalecen sobre las necesidades básicas de la población. Las políticas económicas parecen diseñadas a medida para favorecer a estos titanes corporativos, mientras el ciudadano común queda relegado a un segundo plano.
En este oscuro capítulo de la historia, la población no solo enfrenta un ajuste económico, sino también una crisis de confianza en sus líderes.
En la lucha diaria por la justicia y la equidad, el pueblo se encuentra en una encrucijada.Lo peor, parece no haber una resistencia que se teja en los rincones olvidados, donde la solidaridad y la esperanza podrían ser la antorcha para iluminar el camino hacia un cambio necesario.

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